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El futuro del desarrollo profesional continuo en medicina

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Es hora de abrazar el desarrollo profesional basado en competencias.  Al menos, eso es lo que sugiere la literatura reciente en torno a la formación continua médica. La transición exigirá que los profesionales evalúen su desempeño clínico, los centros médicos faciliten indicadores de forma regular y capaciten educadores y las autoridades reguladoras viren hacia la certificación de competencias a lo largo de la carrera profesional. 

Madrid, 11 de mayo de 2018. Que en un entorno cambiante como el de las ciencias de la salud el aprendizaje no debe detenerse nunca es obvio. Sin embargo, el tradicional énfasis en intervenciones centradas en la enseñanza vertical y en la figura del experto médico está en entredicho. Y es que, el impacto de este enfoque en el desempeño médico y especialmente en los resultados de la atención al paciente se ha demostrado poco efectivo. Esto es, estar al día en la evidencia clínica no se traduce necesariamente en una mejor conducta profesional. Aunque los resultados de numerosos estudios publicados en los últimos años indican que los médicos que participan en actividades formales de desarrollo profesional continuo (DPC) tienen más probabilidades de proporcionar mejores cuidados, se constata que existen limitaciones en torno a este aprendizaje pasivo. La formación basada en competencias reclama este espacio.

Una investigación de 2015 de las actividades de DPC acreditadas en Canadá mostró que éstas no estaban diseñadas para promover cambios de conducta clínica, puesto que todo iba dirigido a memorizar información, en lugar de preparar a los médicos para analizar nuevos datos, contrastar evidencias y discernir sobre su relevancia en la práctica clínica. Aunque resuelven los gaps de conocimiento, estas estrategias resultan reduccionistas y desdibujan un marco más amplio que pasaría por adoptar un rol más activo acorde al lugar de trabajo y a la promoción de los mejores estándares profesionales. Se trata de mudar de un sistema que simplemente requiere demostrar la participación en el aprendizaje vertical a un modelo basado en la competencias que demanda feedback y un claro enfoque hacia resultados en respuesta a las necesidades de salud de la sociedad. Apostar, en definitiva, por el diseño de programas interactivos, basados en la práctica y longitudinales. 

El DPC basado en competencias se dirige a asegurar una buena práctica clínica a lo largo de la toda la carrera profesional y ha de adaptarse a los tiempos y las oportunidades de crecimiento. Más allá de la entrada en la profesión, el desarrollo continuo debe medirse a lo largo de toda la vida profesional, con especial atención a cualquier cambio que pueda resultar desestabilizador, como pueda ser la introducción de nueva tecnología, que requerirá de nuevas habilidades, la relocalización geográfica, que exigirá la adaptación a un nuevo entorno, o la búsqueda de nuevos horizontes profesionales. Y es ahí, frente a las nuevas necesidades de adaptación y desarrollo, donde el DPC basado en competencias despliega su potencial. Si bien las expectativas pueden variar de un país a otro, el núcleo duro se mantiene: asegurar que los médicos pueden demostrar su compromiso con el aprendizaje de por vida a través de la evaluación continua del savoir faire.  

La recogida de datos en el propio lugar de trabajo ayudará a los médicos a saber si están preparados para prestar atención en un área específica. Al mismo tiempo, establece un espejo en el que mirarse con el resto de colegas e insta a crear un plan de mejora a la par que pone en el punto de mira necesidades no percibidas. Hablamos de las auditorías de gráficos, la monitorización de los programas de prescripción, el repositorio de indicadores poblacionales de salud, la retroalimentación por parte de diferentes fuentes, la simulación y la observación directa del desempeño y los resultados reportados por pacientes, entre otros. Aprender in situ resulta imperativo.

Pero más aún, la propuesta debe integrarse en el sistema de atención de salud, orientarse a los resultados del paciente, guiarse por múltiples indicadores de rendimiento y resultados, y apoyarse en el trabajo en equipo o la colaboración interprofesional. Y todo ello, en un esfuerzo conjunto de médicos, proveedores de DPC, autoridades reguladoras y el sistema sanitario en sí mismo por implementar los principios y estrategias de la filosofía anglosajona de la gestión de calidad. La clave reside en la habilidad para incorporarse a un ciclo iterativo de aprendizaje en el que se interrelacionan el ámbito de práctica, los datos de desempeño y el marco de competencias. Con el ámbito se identifican necesidades concretas, los datos proveen información para la evaluación permanente de la actividad y el marco define el compendio de habilidades imprescindibles para desenvolverse con éxito.

Retroalimentación y relevo 

La didáctica tradicional en educación médica resulta insuficiente para traer consigo el cambio de comportamientos y del sistema sanitario en general. Las actividades de aprendizaje diseñadas para pequeños grupos con una periodicidad regular son una aproximación que se ha demostrado especialmente relevante. Para los médicos de familia, este trabajo, guiado por un facilitador que ayuda al grupo a emplearse a fondo en casos basados en la práctica y estrechamente ligados a la evidencia científica, se ha revelado muy positivo. Lo mismo sucede con las discusiones y programas educativos enfocados a médicos que trabajan de forma conjunta sobre un tema específico, como puedan ser los paneles de tumores. E ídem con el aprendizaje autodirigido, que posibilita que los profesionales rastreen su entorno a la búsqueda de nuevas ventanas de crecimiento, evidencias integradas en guías de práctica y usos descartados por ineficaces. 

Preguntarse y responderse uno mismo es una forma de crecimiento personal y profesional y en esta tarea la simulación lleva la delantera. Ésta es un método muy útil en el ámbito médico-académico, tanto con fines pedagógicos como evaluativos. De un lado, facilita el proceso de aprendizaje del educando y elimina muchas de las molestias colaterales para con los pacientes y los servicios de salud; y de otro, evalúa la capacidad de búsqueda e interpretación de los datos y los exámenes clínicos, la identificación de los problemas de salud, el juicio sobre el tratamiento a seguir, y los conocimientos prácticos y las habilidades profesionales. La simulación permite determinar el grado de competencia clínica adquirida por el facultativo, entrenar su razonamiento clínico y evaluar la eficacia de los planes de estudio, entre otros alicientes.


 

Referencias

Jocelyn Lockyer, Ford Bursey, Denyse Richardson, Jason R. Frank, Linda Snell, Craig Campbell & on behalf of the ICBME Collaborators (2017) Competency-based medical education and continuing professional development: A conceptualization for change, Medical Teacher, 39:6, 617-622. doi: 10.1080/0142159X.2017.1315064

Sargeant, J. , Wong, B. M. and Campbell, C. M. (2018), CPD of the future: a partnership between quality improvement and competency‐based education. Med Educ, 52: 125-135. doi:10.1111/medu.13407

 

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